martes, 19 de junio de 2012

Resbalar... de eso se trata


-          ¡Es acertadísima Chris!
-          ¡No, no voy a ir!
-          ¡Vamos pues, acompaname!
-          No
-          Vamos en mi carro, yo te llevo, es por el aeropuerto
-          ¡No voy!
-          ¡Ya pues hazme la taba!
-          Qué chucha gano yo viendo a una señora loca que cree que con cartas predice el futuro, ya te dije que no voy, no molestes.
-          ¡Ay! Que pesado eres…
-          ¡Tú pues! que andas creyendo en tonterías y me quieres involucrar

Un par de horas después estaba sentado en una sala pulcra, adornada de muñecos raros, amuletos, inciensos  y demás chucherías... todo esto acompañado de una radio portátil que cada cierto tiempo emitía una voz que (por lo que entendí) decía “ooooooom “.
Tenía en frente a una joven  mujer, bien vestida, y de brillante sonrisa. Lo primero que me dijo fue “¿Por qué estás aquí si no crees?” Su pregunta no me sorprendió porque estoy seguro que parecía un provinciano recién llegado a la capital viendo todo lo que me rodeaba en esa sala así que lo único que le dije fue “de sapo”.

-          ¿Qué quieres saber? ¿Qué quieres que te diga?
-          No sé, yo he venido aquí a escuchar así que…

No me dejó terminar y empezó a barajar sus cartas, las separó por grupos y me dijo que escogiera uno de ellos.

La única persona que habló en el tiempo que estuve en esa sala desde que escogí el grupo de cartas fue esa simpática señora… para mi mala suerte.
“ustedes son tres hermanos”, “hay una persona mayor en tu casa”, “estudias o trabajas en algo que no te gusta, algo que hiciste por tus padres y no por ti”, “estás enamorado de una chica que no es para ti”, ”con esa chica saldrás dos meses más”, “tienes dos casas o dos familias”, “has tenido que luchar contra tus vicios para ser lo que eres ahora, y eso también lo hiciste por tus padres”

Puede ser que esta señora sin saber nada de mí, haya visitado mi blog, o sepa de mí por mi amiga o por algún otro lado, puede ser. Sin embargo, también puede ser que en verdad sea una bruja o tenga poderes divinos, o vea cosas que los comunes no vemos, no lo sé.  Para mi poca fortuna, si hay algo que puedo decir a favor de ella es que sea por la razón que sea (y los lectores de este humilde blog y aquellos que me conocen pueden dar fe) es que esas frases se ajustan a la verdad.
Esas frases son solo un puñado, una pequeña parte de las cosas que me dijo, que me recordó y que predijo. Lamentablemente para mí fueron cerca de treinta minutos de un monólogo de mi vida,  presente , pasado y futuro.

Maldito el día que me subí al carro de mi amiga, maldito el día que decidí sentarme en esa mesa y escuchar a esa señora tan buena gente, desde ese día cada una de las predicciones que me dijo con una sonrisa en el rostro se ha cumplido, las buenas, las malas y las feas.

No sé cómo lo hizo, me rehúso a creer que tiene poderes, que tiene alguna clase de habilidad sobrenatural o que ejerce algún poder sobre mi vida. Me gusta creer que estoy siendo víctima del azar, de un capricho de la vida, de una malacrianza de la vida porque sea cual sea el motivo, no estoy preparado para saber sobre lo que se me viene y esa es la gracia, eso es lo que quiero, ir rebotando sin rumbo, cayéndome y  resbalando una y otra vez, quiero seguir errando y seguir aprendiendo de mis errores que nunca aprenderé.

Aún no han sucedido algunas de las cosas que me dijo que se iban a dar y por mi salud mental espero que no se den, pero hay un par en particular que si espero con ferviente deseo que sucedan. Independientemente del resultado de las predicciones que se quedan en el tintero, odiaré a la señora de la sonrisa brillante, por el año que ha pasado, porque a pesar de ser yo el único culpable de esto, me gusta despotricar contra ella y seguiré acusándola de que durante un año ella, por una de esas cosas de la vida, me advirtió del resultado de mis acciones.

No volveré nunca a su sala porque no quiero que vuelva a tener otro golpe de suerte conmigo, no volveré porque creo que yo tengo mala suerte (incluso cuando tengo la buena suerte de saber lo que  me va pasar) porque me gusta resbalar, irme de cara de cuando en cuando, porque quiero que me rompan el corazón sin saberlo, porque quiero enamorarme sin saber cuando ni como,  porque quiero hacer las cosas sin saber que voy a reír o llorar al final, porque me gusta no estar preparado para vivir, porque ahí es dónde está el gusto de esto.

miércoles, 25 de enero de 2012

Y tú como te llamas

Tengo un nuevo perro, hay muchos como él pero este es mío. Sin mi perro no saldré a la calle y el sin mí a la calle no saldrá.

Lo conocí por medio de un amigo que ama a los animales, lo conocí porque vi la oportunidad y la aproveché. Tiene cuatro años y responde al polémico nombre de “Cachetes”. En mi casa lo llaman Cachete, probablemente porque la “s” al final del nombre lo alarga innecesariamente, o porque al momento de repetir el nombre varias veces la “s” se vuelve tediosa.

Odio su nombre, más no a él. Me encantaría ponerle negro, porque a pesar de ser marrón a lo lejos parece negro, me encantaría, pero no puedo.

Por cuestiones del azar, de esas casualidades que tiene la vida yo también soy marrón, pero mis más cercanos me llaman negro con frecuencia, y no permitiré que al perro lo llamen igual que a mí, no es justo para el perro ni para mí. Podría producir ciertas equivocaciones y malos entendidos que prefiero evitarme también.

He pensado en ponerle chancho. Chancho me parece un nombre genial para un perro, a mi antigua perra llamada Janis le puse como sobrenombre chancho, y durante los últimos años de su vida sólo me hacía caso cuando la llamaba por su apodo. Chancho sería genial, además esta vez el nombre o sobrenombre si iría de acuerdo al género, sería la mejor manera de recordar a Janis, poniéndole por nombre a mi perro su sobrenombre, de esa manera, cuando alguien me pregunte el porqué del nombre de mi perro yo podría responder alegremente “se lo puse en honor al chancho”.

Por alguna extraña razón me siento atraído por nombres absurdos y sin explicación, por ejemplo, Alberto. Me imagino diciéndole a mi perro “Alberto ven” y me suena tan divertido, tan fuera de lo común, pero este infeliz que tengo tirado a los pies de mi cama no tiene cara de querer llamarse Alberto, tal vez Felipe, pero Alberto no.

Otros nombres que me dan vueltas en la cabeza son nombres de animales, es decir los genéricos como toro, vaca, gato, perro y en esta sección de nombres si me puedo imaginar diciéndole “gato ven” me resulta hilarante salir a la calle y decirle a un perro negro que me llega casi al muslo “gato” es algo fuera de contexto.

También he tenido recomendaciones de mis más cercanos amigos. Sebastián me recomendó hace años que a mi próximo perro lo llame “igual que tú” para que cuando alguien me pregunte su nombre yo diga “igual que tú” y la persona en cuestión se confunda y pregunte si en verdad mi perro se llama como él o ella. Sus últimas recomendaciones han sido “todo”, para que cuando me pregunten con quien estoy yo responda “con todo”, sin embargo, sus más brillantes ideas de nombre han sido “ayudante de santa” (nombre del perro de los Simpsons) y “ganas de meterte toda la pinga” (nombre parecido al “ganas de clavar” que me sugirió mi amigo Marco)

Sería casi mágico llamar a mi perro con alguna de las trabajadas sugerencias de mis amigos, lamentablemente se me haría imposible responderle a mi mamá, papá, hermana, tía sobrina y cualquier hombre sobre la faz de la tierra cuando me pregunten con quién estoy, y yo me encuentre a solas con el perro. Por eso he decidido optar por la cordura que me ata, y llamarlo Forrest, como el personaje de la película que suele arrancarme lágrimas cada vez que la veo, y porque el perro es igual de tímido que el personaje.

Forrest será su nombre, ya habrá oportunidad para que el día que me llame alguna vendedora o encuestadora a mi casa y me pregunte con quién estoy yo pueda responderle libre y alegremente “con ganas de meterte toda la pinga” sin que se manifieste ningún atisbo de acoso sexual.


lunes, 25 de julio de 2011

Confesiones de un egresado

El día más feliz de mi vida ha sido, sin duda, el día que ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú. Aún recuerdo la frenética manera con la que me cortaron el cabello de 8 meses que tenía en aquella época, la innumerable cantidad de huevos que recibí por todo el cuerpo y las incesantes bolsas de harina que espolvorearon por todo mi ser.

Recuerdo con especial cariño el llanto alegre y descomedido de mi madre a las siete de la noche al escuchar que había ingresado, que su hijo recordado y reconocido en el colegio por estar siempre en el tercio inferior o último del salón (por decisión propia), llegar tarde a clases (a veces no llegar) y estar siempre al borde de jalar conducta por alguna estupidez había conseguido lo que muchos con mejores antecedentes no habían logrado.

No fue casualidad, que ingresara a la PUCP, no fue casualidad que ingresara en el puesto setenta de quien sabe cuántos cientos o miles. Quemé pestañas en una academia preuniversitaria durante nueve meses para lograr adquirir todo el conocimiento que no adquirí por desinteresado en los cinco años de secundaria.

Una vez logrado el objetivo, ingresar a la universidad, la meta entonces era alcanzar los primeros puestos en la carrera y por qué no, conseguir alguna beca. Una meta que no fue precisamente alcanzada, ya que, mi ponderado del primer ciclo en la universidad fue 2.7, para aquellos que creen que he cometido un error tipográfico en cuanto a la nota la pondré en letras, dos punto siete.

Desaprobé todos y cada uno de los cursos que llevé en primer ciclo, me dejé llevar por los vicios. Drogas, sexo y rock and roll eran parte del menú, sin embargo (y no me explico cómo), me las arreglaba para asistir diariamente a la universidad para mis entrenamientos de basket, en algunas ocasiones ebrio.

Yo sabía que mis padres sospechaban de mis malos pasos, pero por alguna razón nunca me dijeron nada, ciertamente hoy creo que esa fue la decisión más sabia que pudieron haber tomado con ese chico descarrilado en el que me había convertido.

El ciclo siguiente no me matriculé, decidí que esos seis meses iban a ser una etapa de introspección, una etapa para tomar conciencia de mis actos y para regresar a lo que yo suelo llamar “la senda del buen hijo”, lamentablemente esa etapa terminó siendo empleada para lo que yo vulgarmente llamo como “el arte del rasquing balls”.

Pasados esos seis meses me volví a matricular en la universidad y tan solo llevé tres de los siete cursos que había desaprobado. Obviamente y como era de esperarse no iba a pasar ninguno de esos tres cursos, de tal manera, que inteligentemente decidí retirarme de los tres cursos antes de ser invitado por la PUCP a retirarme. Hasta el día de hoy me jacto de ese inteligente movimiento “a mí no me botaron, yo me retiré”

Para ser honesto mi retiro de la universidad no provenía de un acto de inteligencia, tampoco fue intervención divina, fue dolor.
Por esos días hubo una reunión familiar con karaoke improvisado, un karaoke improvisado en el cual me tocó cantar una canción de Juan Gabriel mirando a mi madre.
No había terminado de entonar las primeras estrofas de aquella canción, cuando levanté la mirada y vi los ojos llorosos de mi madre. En ese momento la vida entera me pasó por la cabeza en un pestañeo, para ser preciso en un pestañeo me pasaron por la cabeza todas las veces que le había fallado a mi madre, malgastando dinero, derrochando oportunidades, consumiendo porquerías y un largo etc.

No pude soportarlo, no sabía cómo reprimir ese dolor al que me había hecho inmune durante mucho tiempo, pero mi cuerpo actuó por si solo… lloré desconsoladamente en el hombro de mi madre en frente de la mitad de mi familia. Mientras lloraba escuchaba a mis tías decir, tu mamá todavía está aquí y no se va ir durante mucho tiempo (asumo que lo decían por la letra de la canción), mientras yo pensaba “viejas de mierda porque no se largan, no lloro porque se vaya a morir”.

En esos minutos de llanto incontrolable en el hombro de mi madre sólo quise decirle que lo sentía, que estaba muy arrepentido, que me disculpara, y lo hice, pero tengo la certeza que no me escuchó.

Me retiré de la universidad y a tropezones ingresé a TECSUP. Los primeros ciclos fueron torpes, ponderados bajos, uno que otro desaprobado, hasta que por cuestiones del destino tuve la segunda gran decepción amorosa de mi vida y una vez más mi madre “the one and only” estuvo ahí para secarme las lágrimas.

Ya no podía seguir siendo el mediocre de siempre, sinceramente no decidí cambiar por mí, cambié por ella, por su esfuerzo. Además para esas fechas conocí en TECSUP a los más estudiosos de la clase, así que me aproveché de ellos.
Las reglas del juego eran distintas por sujeto.

Con el primer puesto de la promoción: Hacer grupo porque nunca deja un trabajo mal hecho o incompleto, además siempre pone mi nombre.
Con el tarmeño: Estudiar para los exámenes, tiene las fijas.
Con el cobrador: No sabe hablar, pero enseña bien.
El gordito: Sabe mate.

Juntarme con esos individuos me valió más de un enojo, éramos muy distintos, pero ellos me querían por más ocioso que fuera.
Mi padre siempre me ha dicho “quien anda con perros aprende a ladrar” y yo aprendí a ladrar como ellos cuatro. Me volví responsable, preocupado y hasta asco me doy, pero también me volví chancón.

Durante mucho tiempo renegué de mis compañeros de instituto, de sus malos hábitos, de su falta de empatía, del huayno que había en sus celulares, sin embargo, esos cuatro sujetos se merecen todo mi respeto y consideración, porque fueron ellos quienes se amanecieron conmigo, quienes me putearon por no terminar o imprimir el trabajo a tiempo y quienes me enseñaron muchas cosas y no sólo hablo de estudios, me enseñaron que muchas veces es más agradable un fin de semana tomando en una esquina de Santa Anita que un fin de semana en Asia, por el simple hecho que todos en esa esquina se comportan tal y como son, sin poses ni pretensiones.
Anthony, Bryan, Solin, y Peter (ninguno es gringo), no son solo compañeros, son mis amigos.

Hay gente que nunca cambia, reza el dicho “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico” ,no obstante, yo cambié y hoy tengo una carrera, para bien o para mal, pero tengo una carrera. Y esto no sólo fue gracias a mi madre, ni a mis cuatro amigos de TECSUP, fue gracias a que vivo rodeado de excelentes personas, que con frases cortas y aparentemente insignificantes me hicieron mejor persona y mejor hijo.

Cuando le pregunté a Jimena Serpa cuanto le faltaba para terminar su carrera ella me dijo un año, a lo que yo respondí “si es que no jalas”, entonces ella me respondió con un categórico “yo no jalo”.Desde ese día no volví a jalar ningún curso.
Cuando visitaba Punta Hermosa mi madre siempre me decía al despedirse, “yo sé que tú puedes”, gracias mamá.
Pache y Julissa muchas veces no iban a reuniones porque tenían que leer sus separatas de la universidad, ellas me enseñaron hasta que punto llega la responsabilidad.
Samir y Marco primeros puestos en sus carreras, la envidia que me despertaban me ayudó a esforzarme más.
Mis hermanos jodidos como sólo ellos pueden ser, de sol en sol y de puteada en puteada me obligaron a no fallar más tampoco.
Para terminar Fiorella y Yuri me tomaron como ejemplo, por aluna extraña razón, que no logro comprender, lo hicieron. Para mi mala suerte tenía la responsabilidad de dar el ejemplo, de dar un buen ejemplo.

Hay gente que nunca cambia, yo cambié y hoy soy un egresado. Cambié porque así lo decidí, cambié gracias a las excelentes personas que me rodean.

martes, 17 de mayo de 2011

No voy y punto


Me faltan ocho semanas para concluir mis estudios profesionales en una institución que lo que tiene de prestigiosa lo tiene de insoportable, por lo menos para mí.

He sufrido cuatro años en la esquina de un salón de clases solo y sin amigos. He sufrido el incesante acoso de las bromas estúpidas de mis compañeros, de sus malas costumbres, de su falta de aseo, de su poco tino, de su inexplicable afán por aprender una carrera en la que pueden morir con un simple tropezón.

Odio casi todas las ramas de mi carrera. Odio todos los rincones de mi instituto (pero los amo todos cuando estoy solo). Odio a las dos cuartas partes de mi promoción, no le hablo a una cuarta parte y a la parte restante la utilizo para obtener buenas notas (somos sólo veintidós)

El 8 de Julio, día en el que se termina mi vía crucis, veintiun personas saldrán a celebrar un logro más en su vida. Desde ese día podrán decir con orgullo que son egresados del que probablemente califica como el mejor instituto para técnicos de América latina, sin embargo, yo celebraré que al fin he llegado a la última estación de ese tren que tanto me costó abordar, yo celebraré que cumplí con mi familia y que, bien o mal, logré darle un norte a mi vida.

Yo ingresé a TECSUP, porque fracasé en la universidad, porque desperdicié el esfuerzo y el dinero de mi madre, porque tenía que redimir el daño y la vergüenza que directa o indirectamente le hice pasar, y que mejor forma de hacerlo que ingresando a la institución educativa a la que disimuladamente me habían estado empujando mis padres años antes.

Cuatro horribles años arrastrándome a las tres de la tarde a clases que no quería recibir, escuchando a profesores que no quería escuchar, soportando a compañeros con los que prefería no tratar. Y a tan solo ocho semanas de terminar la carrera a uno o varios de esos jefes de departamento que llevan las riendas de TECSUP, no les ha bastado con obligarme a asistir al 70% de clases y tenerme recluido en una de las peores zonas de Lima durante cuatro años, si no, que han tenido la genial idea de obligarme a asistir a un par de talleres “extra” que probablemente me generen algún nuevo conocimiento, pero que por ser dictados en ese infierno no me despiertan ni curiosidad.

No pienso asistir a ninguno de esos talleres. Ya falté por completo al primero, cuyo propósito ,supongo, constaba en hacer más unida a mi promoción, porque hicieron la típica dinámica de dejarse caer hacia atrás con los ojos cerrados confiando en que tu grupo de “amigos” (en esta caso la promoción) te sostenga antes que llegues al piso y en consecuencia te desnuques.

Felizmente no asistí, en primer lugar porque no me interesa asistir a ninguna dinámica con mi promoción, en segundo lugar porque no podía, y en tercer lugar (y no por eso menos importante) porque no me hubiera dejado caer hacia atrás por el simple hecho que la confianza que le tengo a mis veintiún compañeros es equivalente a cero, además tengo la certera presunción de que ninguno de los veintiuno hubiera hecho el menor esfuerzo en sostenerme.

No fui, no iré, y de ser necesario llevaré mis derechos hasta las últimas instancias, porque no se trata únicamente de mis prácticas profesionales o de mi graduación las que están en juego en esos talleres, se pone en juego también mi integridad física o hasta mi vida en cualquiera de esas desafortunadas dinámicas.

sábado, 23 de abril de 2011

Sobreviviendome...

No estoy preparado para vivir.
Esa es la gracia.

1

Me falta medio ciclo para terminar mi carrera.
Me falta medio ciclo para empezar a ser un profesional exitoso más.
Me falta medio ciclo para dejar de ser infeliz de lunes a viernes de 3 a 9 pm.
Tengo medio ciclo para encontrarle sentido a esto.

La promoción está cerca del final.
La promoción está más unida que nunca.
La promoción al final se siente promoción.
Yo no soy promoción, ni quiero serlo.

2

Con lo que más me cuesta.
A ti te basta y sobra.
Un abrazo.

He malgastado tu dinero.
He defraudado tus esfuerzos.
He chocado tu carro.
He fallado.
He hecho todo lo que un hijo no debería hacer.
Y sin embargo nada de eso parece importarte.


3

Un sillón lleno de pulgas que no tenías.
Y un jardín de recuerdos que no se olvidan.


4

Ahórrate el acuse de recibo.
Ahórrate las promesas.
Ahórrate las buenas intenciones.
Si es que al final regresas a tus peores decisiones.

Te prefiero mala y no cojuda.
Te prefiero alegre y no taciturna.
Te prefiero sola, no solitaria.
Te prefiero cerca y no olvidada.
En su defecto…lejos, pero no extraviada.

5

Un girasol para calmar el hambre.
Una radio que alegre el camino.
No se necesita más para un viaje largo y bonito.

He aprendido de mis errores que nunca aprenderé.

lunes, 7 de marzo de 2011

Capítulo 5: A mi manera

Capítulo 4: Pero si es una nena

Llamé a Nana y entre otras cosas le pregunté ocho veces si tenía algo que decirme, lamentablemente no me dijo nada. Me hizo hablar con su mamá que desde ya hace algún tiempo había empezado a aceptar mi relación con Nana (por todas las cosas que le decía a Nana que haga y deje de hacer) y tuve que contenerme el decirle que su hija era una mujer ingrata.
Terminé de fingir ante su mama, y me encerré en mi cuarto a redactar la “carta mala”. Dicha carta contenía una serie de oraciones cargadas de despecho, resentimiento y una incontenible sed de venganza, por supuesto le adjuntaba las pruebas de su nueva, pero acostumbrada traición.

Al día siguiente recogí a Nana de su trabajo. Mientras caminábamos por la avenida Aviación le reiteré mis disculpas por el mal hombre que fui y le volví a preguntar si es que me ocultaba algo. La respuesta no cambió.Fue en ese momento de desesperación cuando le dije.

-Nana ¿tú eres bipolar o eres una gran pendeja?

Ligeramente sorprendida, ofendida y cínica me dijo.

-No, no soy una gran pendeja.

Asumí entonces que bipolar era su respuesta, porque sinceramente hasta el día de hoy no consigo entender porque conmigo era una persona completamente distinta a la que es con el resto del universo. Le di la primera carta que escribí y mientras la leía hacia ademanes de no comprender lo que leía, menospreciaba mi carta, su lectura era soberbia y hasta me sentí ofendido.

Terminó de leer la carta con lagrimas en los ojos, probablemente por las últimas líneas en las que le ofrecía mi ayuda a pesar de todo. Acto seguido le entregue la carta mala, le dije que me había vuelto a mentir (mientras contenía las lagrimas) y que era la despedida. Me siguió con lagrimas en los ojos y me increpó (en la calle y de manera descomedida) que estaba harta de que todo se hiciera a mi manera, que mi carta mala no tenia sustento.

-Revisa las ultimas paginas le dije.

Rápidamente pasó a las últimas páginas y vio una imagen que capturé de Facebook de una conversación de ella con el mejor y más arrecho amigo de Sante. Una imagen que por sí sola no probaba nada, es cierto.
Más molesta me dijo que eso no significaba nada y creó una historia parecida a la de los extraterrestres.

No podía creerlo, sencillamente su actitud era inconcebible, inédita para mis veintitrés años de vida. Las lágrimas que acababan de caer se suspendieron en el aire y regresaron a mis ojos.

-Revisa el resto de páginas Nana, le dije con un nudo en la garganta.

Nana se quedó petrificada dos segundos, cómo iba yo a tener acceso a sus conversaciones de Messenger si ella se había ocupado de borrar todas las huellas inteligentemente. Sencillo, soy mas inteligente que ella y también se jugar sucio, incluso mejor y más sucio que ella cuando me lo propongo (I like dirty).

Seguido de esos dos segundos de piedra Nana volvió en sí y enfurecida, casi ultrajada también, me dijo “¡Has estado leyendo mis conversaciones!” y se fue indignada.Nana murió en su ley, reprochable pero en cierto modo admirable también.

Debo reconocer que me merezco todas y cada una de sus traiciones, porque durante mucho tiempo fui un mal hombre, un cobarde que se merece todo lo que ha pasado, pero eso no la justifica en lo absoluto.

Aún puedo destruir la relación de Nana y su farsante o simplemente hacerle saber a Nana porqué digo que “Sante el farsante” es un farsante o tal vez, y a lo mejor, hacerle saber a Sante que Nana no es lo que yo llamaría una virtuosa de la verdad.

Mi orgullo esta terriblemente dañado, sin embargo, no diré nada. Mi sed de venganza me convence que al final de esta historia cada uno de los involucrados tiene lo que se merece, principalmente yo.
Nana esta con un farsante que la hace tremendamente feliz (por eso me sigue llamando de número privado), Sante nunca sabrá toda la verdad (por lo menos de mi boca no lo hará), Nena recibirá su merecido el día que lea este blog o que la atropelle un carro, y el hombre más cojudo del universo, por cojudo, también tiene su merecido…seguir con Nena.

No odio a Nana, para nada, la sigo queriendo con desmesura, pero tampoco pienso volverla a ver…como posible pareja. Tengo la certeza que un día nos vamos a cruzar y ella va a ser una mujer exitosa, porque si la dedicación y ahínco de sus mentiras y traiciones, las aplica a sus estudios lo va lograr (ha sido un error de dirección de recursos y esfuerzos, solo eso).

También sigo pensando que es una buena persona, una buena persona que lamentablemente ha tomado las decisiones equivocadas, aunque no le queda mucho tiempo ni oportunidades para corregirse y mejorar en todos los aspectos de su vida.

Por mi parte le devuelvo su promesa de adorarme, que no sienta pena por dejarme que trate en la medida de lo posible de seguir mis consejos.
Nana se ha portado mal, ya no está enamorada de mi (obvio), tal vez porque la farsa de Sante es muy buena o, tal vez, porque su mamá empezó a aceptar lo nuestro y la complicidad y la emoción ya no es la misma. Ya no sé a donde mandarla, por eso, esta vez me voy yo…así es más seguro.

Capítulo 4: Pero si es una nena



Nana regresó a la capital con una mochila cargada de culpas, deseos de obrar bien y deudas por saldar, probablemente esa mochila fue la responsable de ese mensaje. Quizás quiso tener una suerte de reconciliación para tratar de subsanar el daño ocasionado o, tal vez, para tratar de limpiar la imagen de ligera con la que me había quedado.

Por otro lado, para esas fechas yo tenía la potestad de destruir la relación de Sante y Nana con tan solo un clic. Toda la información de mi relación de cinco meses con Nana estaba cuidadosamente guardada en un archivo de Word, lista para ser enviada al correo de Sante y gracias a un riguroso y exhaustivo trabajo de inteligencia, mis asesores (amigos y allegadas) y yo, obtuvimos pruebas suficientes como para que Nana descubriera que en realidad Sante no mentía con tanto desparpajo como ella, si no que Sante, astuto y traicionero como un zorro, ocultaba cosas y maquillaba verdades. Lamentablemente para Sante, su grupo de amigos es una manada de arrechos sin fronteras, una piara que ante la foto de una chica bonita o para tratar de acercarse a una mujer con la cual no podrían estar ni en cien años (mis colaboradoras) son capaces de hacer el papel de sufridos al punto de contar sus problemas y los de sus amigos.
Sante en efecto resultó ser un farsante, pude y puedo destruir la farsa que él ha montado, y de igual manera puedo acabar con la reputación de Nana frente a Sante si se me antoja.

Ya en Lima Nana, probablemente, volvió a tener contacto con Sante y fue muy fácil descubrirlo.
El día que me enteré que habían vuelto a tener contacto llamé a Nana y la mandé a pasear otra vez (únicamente con el propósito de joder), para mi buena suerte Nana al momento de contestarme el teléfono estaba acompañada de Nena y al parecer Nena escuchó toda la discusión. Ese mismo día en la noche me llegó un correo de Nena.

Básicamente Nena en el correo se encargaba de dejar en claro que soy un mal hombre, por eso, no me merecía ni a Nana ni a nadie; un acosador, por eso, iba a iniciar acciones legales en mi contra; un maricón…sobre todo un maricón (por alguna razón existen personas que emplean “maricón” equívocamente para referirse a alguien cobarde) por hablar mal de ella, corrección, por hablar injurias de ella y, por eso, merecía que me sacaran la mierda.(literal)

Me tomé la delicadeza de responderle el correo aclarando lo necesario.
“Querida Nena:
No soy acosador, ¿Por qué no le consultas a tu hermana cual es la verdad? Eres libre de tomar las acciones legales que te plazcan.

Tampoco soy maricón, porque hasta donde yo sé no he dicho nada de ti que no se ajuste a la verdad, además con quién voy hablar de ti… si solo tenemos a Nana en común. Y en efecto con la única persona con la que me he explayado acerca de ti ha sido con Nana.”


No le dije que Nana me había contado todas sus aventuras pecaminosas (no me interesaba) y tampoco me preocupé en desmentir la parte de mal hombre, porque probablemente lo soy, y en la parte donde me iban a sacar la mierda…bueno Nena y su jauría saben donde vivo (hasta le fecha ninguna notificación legal ni ningún matón se ha asomado a mi morada).

Le conté todo lo sucedido a Nana, sin embargo, nunca se preocupó (y no lo hará porque no le conviene) en desmentir las acusaciones de Nena en mi contra.

Ante la insistencia de Nana de vernos para aclarar las cosas una vez más cedí, pero fue más curiosidad y hedonismo que otra cosa. Me explicó que el farsante y yo le importábamos demasiado, pero que quería intentarlo conmigo nuevamente, que sabía que había obrado mal a pesar de todo lo que hice por ella y que esta vez iba a reconquistarme a mí y a mi confianza.
Antes de retirarme le dije “yo no puedo estar con alguien que piensa en dos personas, además prefiero que estés con él y me extrañes a mí, a que estés conmigo y lo extrañes a él” (sólido)

Al día siguiente, una vez más, debido a la insistencia de Nana y guiado por mi hedonismo, fui a verla y para no darle más vueltas, terminamos enredados en uno de esos ósculos anteriormente explicados.
Me prometió y juró nuevamente que iba a esforzarse por hacer bien las cosas, que no era capaz de cometer el mismo error dos veces (yo diría más). Nunca volvimos a ser enamorados, pero empezamos a salir como dos amigos que se besuquean de cuando en cuando.

Un domingo por la tarde la fui a recoger a su trabajo y cogí su celular. Nana, como ya era costumbre, se transformó. El nerviosismo era evidente, estremecía cada musculo de su cuerpo mientras ella intentaba ocultarlo con una sonrisa que de no haber sido por Paul Ekman (tómense la molestia de averiguar quién es, lo vale) no hubiera sabido que escondía o intentaba disimular el miedo que sentía en ese momento.

Molesto le devolví el celular, no me interesaba leer lo que había…lo sabía. Nana me hizo una escena en la calle. Que no confiaba en ella, que estaba cansada. No sé de donde adquirió esa costumbre de hacer escándalo, pero de donde yo vengo los trapitos se lavan en casa y los escándalos se hacen dentro de cuatro paredes.

Al regresar a mi casa fui abordado por la prudencia y la sensatez. Le escribí una carta de cinco páginas en la cual le explicaba las razones por las cuales no podía volver con ella y el esfuerzo mayúsculo (alejarse de Sante por completo) que debía hacer si es que quería un cachito de mi corazón. En la ultima página de la carta le repetía lo que le dije desde que me engañó por…segunda o tercera vez (perdí la cuenta).

“Si quieres regresar con él yo te voy a seguir apoyando, porque antes que tu enamorado soy tu amigo y cómplice, no te pido nada más que la verdad.

Lo único que quiero es ver que sales adelante y que no vas a tener empleos y amistades mediocres por el resto de tu vida, tú puedes salir adelante sola, yo sé que puedes.”


En este caso, inmediatamente después de la calma empieza la tormenta. Entré a su correo (obtuve su clave unos días antes no daré detalles).
Para mi mala suerte Nana se había vuelto todo un perito en el tema de las infidelidades, había borrado toda evidencia de comunicación con Sante el farsante. Pero no contaba con mi astucia, conseguí acceso a sus conversaciones de Messenger en tiempo real, y fue ahí donde descubrí que una vez más me engañaba con el farsante de poca monta, corrección a él lo engañaba conmigo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Capítulo 3: Mi niña veneno


Nana me mandó mensajes durante varios días, totalmente arrepentida. Cualquier excusa era buena para pasar por la puerta de mi instituto e intentar verme. Yo, ligeramente dolido, pero consiente que el final de aquella aventura casi suicida había llegado, cedí ante sus peticiones y acordamos vernos un día para conversar.
Nos encontramos en su universidad y nos sentamos en una banca. Su justificación era que Sante estaba enfermo y no podía dejarlo de buenas a primeras y que de ser necesario tenía que jugar a ser la enamoradita abnegada que lo apoyaba contra vientos y mareas, que él era un hombre desafortunado que había crecido solo con el apoyo de su madre.

Me conmovió la vida de Sante y pensé que tranquilamente podría hacerse una novela mexicana inspirada en su vida. Nana me prometió que se iba a apartar de él ni bien pudiera. No le creí ni una sola palabra, por eso, fue que le dije …”Nana lo nuestro iba a terminar algún día, pero no tenia porque terminar así”.
Me abrazó y lloró como nunca nadie antes me había llorado, se convirtió en una niña inconsolable y mientras más la abrazaba (como quien calma a un niño que está arrepentido de su malacrianza), más me lloraba…la perdoné, pero le dije que todo había acabado, la deje en su clase y me marché con dirección a mi casa.

A los pocos minutos me llamó y me dijo para vernos en ese instante, no sé porque acepté, no sé porque cedí, sólo sé que la quería para mi, que no me podía alejar de ella y a los pocos minutos terminamos enlazados en un beso francés de esos que te erizan la piel, uno de esos ósculos que solo se dan en las reconciliaciones y que a mi organismo le hacen olvidar cualquier cosa (soy fácil) incluso la traición.
Al poco tiempo formalizamos nuestra relación, ya éramos una pareja de enamorados felices, y luego de una serie de dimes y diretes Nana me se separó de Sante por completo (eso me dijo).

La vida me había dado la oportunidad de redimir todos mis pecados, de demostrarme a mí mismo que era capaz de mantener una relación buena, bonita, honesta, y lo más importante, tenía la oportunidad de reparar todo el daño realizado y de darle a Nana lo que se mereció desde el principio.
No hubo petición a la que no cediera, no hubo capricho que no cumpliera, me encargue de adornar a Nana con velas y dulces, con paseos y engreimientos. Estaba embelesado, nunca había tenido una relación tan real, tan mía, sin embargo, todo cambio a los pocos meses.

Nana se volvió insufrible de un momento a otro, el empuje que yo le daba para que asistiera a clases le empezó a irritar, sus problemas familiares la volvían intratable, los consejos que le daba, la ayuda que le ofrecía parecía no tener eco en su cabeza y cada vez que teníamos una pelea (la mayoría de veces por su culpa) simplemente me terminaba argumentando que yo me merecía a alguien mejor.
Yo adjudicaba a esa conducta rebelde y a esa visión obtusa de las cosas todos los problemas que tenía que afrontar con su familia, además Nena y su familia no nos podían ver juntos ni en pelea de perros.

Junto con todos estos síntomas de una relación que empezaba a tornarse enfermiza, se inició el problema del celular. Que yo cogiera el celular de Nana era el equivalente a echarle agua a un gremlin.
La transformación empezaba cuando su nerviosismo se hacía evidente, un ligero enojo aparecía inmediatamente después para luego pasar a un torpe y aparentemente despreocupado forcejeo con el celular, y para culminar, una frase que me sentenciaba como el peor enamorado del universo. “No te lo doy porque lo que tú buscas es encontrar algo, te lo daré el día que confíes en mi”

Pasaron los meses y el celular, mi desconfianza, y su incomprensible hostilidad eran los ingredientes necesarios para armar la jarana. Importaba un carajo que le hablara tranquila y pausadamente, que le ilustrara con ejemplos y en pizarra que yo aspiraba tener una relación madura, y que no desconfiaba de ella (en este último mentía), pero nada era suficiente, terca como sólo ella podía ser se cerraba y yo terminaba cediendo, cediendo con la certeza de que un día podría coger ese celular y satisfacer mi curiosidad o mi falta de confianza.

Por momentos creí que toda mi desconfianza eran fantasmas que me perseguían por su traición previa, que su mal humor iba a desaparecer cuando sus problemas se arreglaran, pero había momentos en los que la desconfianza me carcomía los sesos y le imploraba la verdad. “Nana si hay otra persona dime y yo voy a entender”, “Nana dime la verdad sea cual sea”…nunca dijo nada, siempre negó todo.

A pesar de todo mi esfuerzo y dedicación para tratar de mejorarle la vida, Nana se las arreglo para joder un ciclo más de la universidad y por el cual tuvo el ejemplar castigo de irse de vacaciones a su pueblo natal. Una vez más me llamó llorando (como solía suceder cada que tenía un problema) y yo que no sirvo (pero intento) resolver problemas traté de consolarla haciéndole entender que tal vez era lo mejor para que aclarara su cabeza y revisara sus prioridades.

Un día antes que partiera almorzamos juntos y me pidió mi clave de Messenger. Yo no tenía nada que ocultar así que se la di para que estuviera más tranquila, pero con la condición de obtener la suya a cambio… Nana aceptó.
Por la noche llegué a mi casa y traté de ingresar a su correo, la clave que me había dado no era la correcta, me había agarrado de cojudo al fiel estilo de Nena.
Nana se fue a su pueblo, no sin antes haberse ido pa’l carajo con un ticket exclusivo que me encargué de hacerle llegar, desde esa fecha las investigaciones a la vida de Sante y allegados empezaron.

Nana y yo estuvimos peleados cerca de semana y media, me repetía que ella sabia cuanto valía y lo que realmente era, que sus lagrimas no eran de cocodrilo, que yo no confiaba en ella (en efecto no lo hacía) y que me estaba encargando de hacerla sentir mal (me declaro culpable).
Dejé pasar el episodio de la clave, no obstante, era obvio que Nana ocultaba algo así que decidí esperar pacientemente que la marea baje. La llame un una noche (Nana no tenia internet por las noches), y le hablé desde el corazón, con lo poco de corazón que me quedaba, empujado por la amistad que aún prevalecía… tenía la esperanza de ver a Nana ceder ante mis peticiones.

Le pedí su clave y se negó; se la pedí de nuevo, se negó y se molestó; se la pedí una vez más y ante su negativa no me quedo más remedio que sacar la artillería pesada. “Nana si me das la clave y no tienes nada que ocultar, genial me cortas en pedacitos, pero si no me la das terminamos”. Al ser de noche y no contar con una conexión a internet cercana no le quedó más remedio que darme su clave de Messenger.

Mientras entraba a su correo, tenía a Nana esperando en el teléfono y le dije “Si quieres que esto funcione estás haciendo lo correcto”.
Entré a su correo y para acrecentar mi infelicidad, no había nada, no existía rastro de infidelidad ni en la bandeja de entrada ni en la papelera de reciclaje y fue entonces cuando le dije ¿Ves nana? Qué problema hay era todo lo que quería” Y Nana me respondió con voz tímida y entrecortada al otro lado del teléfono “¿Hay algo?”
Me despedí de Nana, corté el teléfono y pase tres horas husmeando en su correo hasta que di con la carpeta que decía “Mensajes enviados”

Nana tontamente había olvidado vaciar la carpeta de mensajes enviados y sobre esa carpeta armé mi caso. Cuatro meses de infidelidad aparecían frente a mis ojos, cuatro meses que formaban parte de mi relación de cinco meses con ella. Es decir, de mi relación de cinco meses, cuatro de ellos habían sido una mentira, cuatro meses en los cuales la principal característica de Nana fue el cinismo descarado.

La llamé únicamente para cumplir con su derecho a réplica (ya nada me importaba, yo funciono con verdades el resto es mierda), lo negó todo, se invento una historia en la cual los extraterrestres entran a su cuenta de correo para cumplir una misión encargada por su líder, enviarle mensajes y postales de amor a Sante (Cinismo hecho persona).

Nana esta vez no se fue a su pueblo, no se fue por un tubo ni tampoco pa’l carajo, esta vez me encargué de mandarla a la mierda.
Desapareció de mi vida por casi dos semanas cuando de repente, y sin previo aviso, una mañana me llegó un mensaje de ella que decía “estoy volviendo a Lima”.

viernes, 4 de marzo de 2011

Capítulo 2: Más de lo que te imaginas


La traición de Sante, el enamorado de Nana, fue el punto de partida para que Nana regresara corriendo a mis brazos, a los brazos del hombre que nunca dejó de amar y con el que siempre estuvo manteniendo contacto. Está de más decir que yo la esperaba no sólo con los brazos abiertos, sino también con la cama destapada y los condones cuidadosamente repartidos a lo largo de toda la mesa de noche para no perder tiempo (ni excitación) al momento de tener que colocarlos.

Nana volvió a ser parte de mi vida, hablábamos a diario, compartíamos problemas, risas, travesuras y placer juntos…sin darme cuenta nos volvimos confidentes.
Le enseñé a decir mentiras piadosas para poder vernos a horas no adecuadas o simplemente vernos, ya que, Nena y toda su familia empezaban a sospechar que teníamos una relación furtiva y pecaminosa (sopechaban bien).

La enemistad de Nena con sus amigas por haberla delatado y mi cercanía a las mismas, hicieron que me ganara la animadversión de Nena de manera gratuita, sumado a esto, ella sabía que yo no sólo tenía fama de pendejo…estaba convencida de primera mano que yo era un pendejo, por tal motivo Nena se encargó de hacerme la vida imposible a mí y a Nana, no tengo idea de con qué autoridad moral me señalaba como un mal hombre, pero lo hacía y sin mostrar el menor rezago de vergüenza.

Conforme pasaba mis días libres con Nana, ella hacía de lo imposible posible para agradarme, para que me sintiera único e indispensable, sin embargo, yo no daba mi brazo a torcer, me negaba a ceder ante el camelo de sus ojos y su arte de besarme el cuello. Aquellos días de paseos sigilosos, de sonrisas llenas de engreimiento y de complicidad con Nana dieron como fruto un hermoso y lindo…”pacto de no agresión”, el primer hijo de una relación informal, pero llena de cariño y comprensión. El pacto consistía en no tener ningún otro affaire…más tarde entendería que el pacto de no agresión comprende tener una sola pareja y en consecuente celar y ser celado…craso error.

Nana no era una chica común y corriente, su vida estaba plagada de problemas en los que ella era víctima en gran parte, lucía indefensa ante la recua con la que compartía morada. Todos la trataban como el patito feo, todos la pisaban o pateaban para que se quedara en el suelo y ante el primer intento o amague de levantar la cabeza le jalaban los pies para que se fuera de cara, yo sólo aparecía para curarle los moretones y limpiarle la cara cada vez que lo necesitaba… ella se había convertido en más que una simple amiga con derecho.
Para colmo de males Nana estaba pésima en la universidad. Se había dejado llevar por malas amistades, por locuras sin sentido (me incluyo como locura) y había conseguido salirse de la senda de la responsabilidad y la prudencia. Me dediqué a ararle el camino, a limpiarle el terreno para que corrija el rumbo, hasta que una noche no pudo más y me escupió en la cara todo lo que yo no quería ver claramente.

“Eres injusto, dices que no te nace estar conmigo, pero ni siquiera lo intentas”

Frase contundente, categórica que refleja lo mal hombre que pude ser. Aquí no vale el apoyo que le di ni el cariño que le tenía. Nana estaba enamorada y yo me había estado aprovechando de eso.
Decidí darnos esa oportunidad que tanto me pedía. La verdad yo no estaba muy entusiasmado con la idea de tener una relación seria, lo tomé a la ligera, pero seguí respetando el pacto de no agresión.

No teníamos muchas semanas saliendo “en serio” cuando mi instinto femenino (adquirido gracias a haber sido criado por dos mujeres que vivían olfateando la infidelidad) me hizo entrar y revisar el Facebook de Sante.
Sante y Nana aparentemente habían vuelto, y las fechas de sus mensajes cariñosos coincidían con mi puesta en marcha de la relación con Nana “en serio”, es decir Nana había empezado a seguir los pasos de Nena y yo del hombre más cojudo del universo.

Llamé a Nana indignado, y la mandé directamente por un tubo. Esa “infidelidad” (porque aún no estábamos) transgredía el pacto de no agresión, ese engaño tiraba abajo mi idea de que Nana solo me importaba como amiga…con derechos.
Dejamos de vernos, dejé de contestarle el teléfono. Mi orgullo estaba herido, pero lo que más me molestaba era que la traición había tocado nervios a los que no imaginaba que llegaría.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Capítulo 1: Malos ejemplos

Nunca había acompañado a mi mejor amigo a una de sus reuniones con sus amigas de la universidad, pero esa noche no había planes y yo estaba decidido a chaparme a una incauta desafortunada que cayera en mis redes gracias a mi sensual contorneo de caderas o, con mayor probabilidad, gracias al alcohol que se iba a repartir en dicha reunión.

Luego de perdernos por los alrededores del estadio de la U buscando la casa en la que se realizaba la reunión, dimos con la casa, acto seguido, nos aventuramos dentro de ella ansiosos de sexo y alcohol. Yo conocía a dos personas en toda la reunión, a mi amigo y a su ex que también había sido invitada. Nos pusimos a conversar mientras que yo le preguntaba a mi compañero de cacería cuales eran las posibles víctimas.

De un grupo de seis o siete chicas resaltaban dos altas, una flaca y la otra piernona, y una bajita cuyos principales argumentos estaban prisioneros por un brasier 38 B (probablemente) que les impedía balancearse suavemente al compás de la música.

- ¿Cuál de las tres atraca¬? Le pregunté a mi compañero mientras me servía un vaso de whisky para empezar con la deshinibición.
- Yuca ah, son medio tranquilas, pero fácil la chata… (de pronto entró otra chica alta a escena)
-¿Y ella? Esa que acaba de llegar…
(me interrumpió y dijo)
- ¡A no! Esa es fija. Tiene enamorado, pero es el hombre más cojudo del universo, le saca la vuelta cada que puede, éntrale con todo.

Fijado el objetivo era hora de entrar en acción. Tragos van tragos vienen y la gente se divierte…
Me acerco cautelosamente a la malcriada del grupo, me presento y expongo…mi floro barato y chabacano. Nena es su nombre, tomamos, fumamos (a veces la situación lo amerita) y bailamos pegadito. Sin embargo, no hubo chape, hubo amagues…creo que no fui lo suficientemente insistente, o tal vez fue porque solo estaban sus amigas en la pista de baile improvisada, lo más probable es que no me haya encontrado lo suficientemente atractivo, aunque me gusta creer que fue por falta de alcohol.

Los meses pasaron y cada vez me uní más al grupo de amigas de mi compañero de aventuras. Fui conociendo una por una, descifrando perfiles psicológicos (habilidad que suelo intentar desarrollar), y descubriendo costumbres y manías de lo que era para mí, un nuevo grupo social al que me tenía que adaptar. Reconozco que mi intención principal era saber más de Nena, me tenía que sacar el clavo, necesitaba encontrar la manera de chapármela y terminar mi misión.

De cuando en cuando interrogaba a mi compañero buscando encontrar alguna información acerca de ella, y mientras más preguntaba más intenso se hacia mi libido.
Nena no sólo engañaba a su enamorado con otros hombres esporádicamente, también lo usaba. Era su enamorada porque él era mayor y le podía dar ciertas comodidades. ¿Cómo sé esto?
Nena -> Buena amiga de nena y a su vez mejor amiga de mi compañero ->Mi compañero ->Yo

Luego de esa serie de revelaciones, tenía que hacer algo al respecto no me podía sacar a esa mujer de la cabeza, hasta que un verano el grupo de amigas y sobretodo Nena, alquilaron una casa de playa convenientemente cercana a mi humilde morada.
Nunca pude intentar si quiera acercarme a Nena ese verano porque siempre estaba acompañada del hombre más cojudo del universo, sin embargo, una noche de fiesta en la casa de Nena y sus amigas conocí a la hermanita menor de Nena, una niña de 18 anitos llamada Nana.
La vi sola, medio atribulada, con el celular en la mano y tuve la imagen de cuando los leones esperan el mejor momento para atacar a las crías de las gacelas. Cual león me agazape y espere el momento indicado para lanzarme hacia la joven cría.

- ¿Y tú no bailas?

Fue el primer zarpazo y el único que necesité para terminar chapando casi desenfrenadamente en la puerta de un cuarto oscuro. Ciertamente, si era hermana de Nena pues debía seguir la tradición de la familia. Ese mismo día me memoricé su correo electrónico, y decidí empezar a buscarla después de clases.

Para mi mala suerte ella no era como Nena, ella quería una relación seria, bonita y renegaba cada vez que Nena se encerraba con otro hombre en su cuarto, mientras que el hombre más cojudo del universo trabajaba.
Nana quería una relación formal, no lo decía, pero yo podía notarlo…simplemente lo dejé pasar y me seguí aprovechando de la situación.

Con el pasar de los meses me fui encariñando de Nana, no era la persona con la que quería estar, pero era lo más cercano a una relación, estar con ella además de placentero era muy entretenido.
Hubo un momento en el que todo se jodió, y en el que creo que me dijo la primera mentira (la vida es así al final todo se jode). Decidí alejarme porque me asusté, porque fui cobarde tal vez y porque además me pedía cosas que yo no estaba dispuesto a darle a nadie en ese momento, en pocas palabras quería seguir llevando mi vida de pendejo sin que nadie me diga nada.

No dejamos de hablar, no dejamos de ser amigos, me seguía contando todas las aventuras de Nena y me gustaba ver que ella no era igual que Nena, que ella y su hermano estaban dispuestos a contarle de todas las aventuras de Nena al hombre más cojudo del universo para que sea degradado al rango de un simple cojudo enamorado.

Volví a ver a Nena y Nana en una discoteca por el cumple de uno de sus primos. Ese día nuevamente casi me chapo a Nena, en la cara de la pobre Nana…fui un mal hombre lo sé, pero Nena una pésima hermana también.

Después de ese episodio Nana consiguió un enamoradito con el cual peleaba en exceso, un enamoradito que probablemente haya sido su consuelo al mal hombre con el que se topó un día de verano, un enamoradito que se mereció y ganó todo el amor y cariño de Nana hasta que la engañó.
Si bien yo me aproveché de toda la situación, nunca le mentí, siempre fui claro en mis intenciones… consuelo de tontos, fui un mal hombre y se acabó.

No recuerdo exactamente el orden de los sucesos, pero Nena fue desenmascarada en frente del hombre más cojudo del universo y quién lo pensaría…sus propias amigas que ya no soportaban ver al hombre más cojudo del universo (que se había hecho su amigo) convertido en una alegoría en honor al cachudo la delataron. Acto seguido Nena y el hombre más cojudo del universo se rebelaron ante semejante perfidia, acusaron de fariseísmo a diestra y siniestra…renovaron su amor sincero e incondicional y en una ceremonia privada y vergonzosa el hombre más cojudo del universo ratificó su rango de hombre más cojudo del universo con la distinción summa cum laude.

Nana respiró aliviada porque ni ella ni su hermano tuvieron que desenvainar el puñal y clavárselo a Nena en la espalda por el conflicto moral en el que vivían, por un lado la amistad del hombre más cojudo del universo y por el otro lealtad a Nena. Nana estaba feliz porque ya se sabía la verdad a pesar de todo y yo estaba tan orgulloso de que no apoyara la conducta reprochable de su hermana mayor (aunque igual me hubiese gustado chaparme a Nena por el simple hecho que su novio era un cojudo de dimensiones astronómicas)

viernes, 17 de diciembre de 2010

7e lo mereces


Penúltimo ciclo…

No ha sido el peor de todos, pero si de alguna forma el más gratificante. Las veces que estudié obtuve buenos resultados y bueno pues, aquellas en las que no…pues también.

No obstante, hubo un solo curso (de los ocho que llevé) que no me dejó en paz, si no, hasta fin de ciclo. Automatización Industrial se llamaba el desgraciado, maldito engendro de 4.5 créditos comandado ociosamente por un gordito simpaticón a primera vista, pero desequilibrado emocionalmente en el fondo, maldito curso hijo de la gran currícula de mi carrera que me mantuvo bajo amenazas de repitencia y fracaso durante poco más de 5 meses. Curso maldito, envenenado de tramposas prácticas y truculentos laboratorios que estuvo a punto de mandarme de regreso a ser aquel joven despreocupado, ocioso y mediocre que solía ser. (Sigo siendo todo lo antes mencionado, pero ya no con tanto desparpajo)

El gigante de 4.5 créditos estaba compuesto de 8 laboratorios, 4 practicas (de las cuales la que tenía la nota más baja se eliminaba) y un único examen lo coronaba a final de ciclo, un examen en el cual venían incluidos todos los temas estudiados durante el ciclo, en mi caso todos los temas que estudié un día antes que termine el ciclo.

Los pesos eran 30% prácticas, 40% laboratorios y nuevamente 30% el examen final.
Como ya es costumbre la primera práctica, que debe ser en la que se obtiene más nota por la poca cantidad de temas que entra, la eliminé. Un 08 bien dibujado apareció en mi registro, sin causarme mayor preocupación, ¿por qué? pues porque se eliminaba.

Pasaron los primeros laboratorios y para mi suerte los di bien, era importante mantener un promedio aceptable, porque el mayor peso lo tenían los laboratorios.
Llegó la segunda práctica, la di confiado, sin haber estudiado un carajo, total si hice bien los laboratorios la práctica es un paseo. Lamentablemente y para mi mala suerte los laboratorios y mi exceso de confianza me arrojaron nuevamente un 08. La preocupación me invadió, pero sin causar mayores estragos. Un 08 se elimina y el otro…que va… no es tan malo tener un 08 que se promedie con la supernota que voy a sacar en la siguiente práctica, me dije.

Los laboratorios continuaron, y debo mencionar que las notas de los laboratorios se ven recién a final de ciclo -es como andar a ciegas durante todo el ciclo gracias a esos profesores ociosos que toman el café en la tarde en lugar de colgar notas- siguieron pasando y conforme pasaban laboratorios y clases ese gordito bipolar que comandaba el curso me iba ganando antipatía.

Estoy casi seguro que me ganaba antipatía de a pocos porque, para mala suerte mía, siempre lo cogía en su peor estado de ánimo (bipolar). Por alguna razón que no llego a comprender siempre guardaba mis preguntas más estúpidas o mis intervenciones más incoherentes para cuando el cerdito bipolar estaba de mal humor.

Muy aparte de mi inoportuna estupidez, durante una clase el profesor escuchó una de las típicas mariconadas que se dan entre hombres jóvenes, juntó los ojos, ajusto el ceño y durante media hora se dedicó a pronunciar el discurso más encaletadamente homofóbico que he escuchado en mi vida. Desde ese día me dediqué a hacerle creer de una manera muy disimulada que yo era gay, de tal forma que se quedara con la duda.
Me regocijaba, me regocija la idea de saberlo homofóbico y de tener la certeza que dos veces a la semana se preguntó si le estaba dando clases a un gay, a un cabro y un cabro negro encima.

Tomé esa decisión porqué me indignó su discurso, porque a pesar de no ser gay, tengo amigos gays y lesbianas y cada vez que se escuchaba una mariconada, y el profesor ajustaba el ceño y el culo, yo soltaba una frase seria y seca a favor de la mariconada “profesor acéptenos como somos” una frase que a pesar de ser pronunciada por este humilde servidor heterosexual está cargada de sentimiento y lucha en contra del prejuicio, una frase que enarbola la bandera del orgullo gay en medio de mi salón de clase presidido por un dictador homofóbico. Esa frase bastaba para que el profesor dejara de ajustar el culo, me mirara fijamente y volviera a su labor de educador sin decir nada.Obviamente con eso terminé de ganarme algo más que su antipatía.

Las dos prácticas siguientes no resultaron ser tan satisfactorias como esperaba. Un 06 y un 02 (se elimina) terminaban de adornar mi registro, me encantaría decir que fue resultado de la discriminación del profesor hacia mi supuesta opción sexual o hacia mi color de piel, pero lamentablemente y para el mal de esta historia el resultado de esas dos notas tan desastrosas fue mi falta de organización (se me olvidó la fecha de la tercera práctica y pensé que no había cuarta)

Llegué a final de ciclo con 7.333 de promedio de prácticas y en laboratorios, si mal no recuerdo 15 y algo más, lo que hacía que al final me fuera por un 6 y algo más. Es decir, para el examen final necesitaba sacarme un 07.
Me dedique a estudiar prácticas y exámenes pasados, durante mucho tiempo (24 horas) y llegué al examen más nervioso que pavo en navidad. El examen vino imposible, hice 4 puntos en una fija y era probable que no sacara más de 3 puntos en el resto del examen.

Luego de tres días subieron la nota, el 7 más hermoso que he visto en mi vida brillaba imponente, casi mágico ante mí, era el único número que importaba de toda esa página, el infame cero que lo precedía no lo opacaba en lo absoluto, era un 7 tocado por dios (en caso exista) un 7 que también me recordó que no debo volver a ser el infeliz de hace algún tiempo.

Un martes por la mañana regresé al instituto y decidí pasar cándidamente a visitar al gordito-bipolar-homofóbico-dictador y restregarle, como él lo había hecho diciéndome que no iba a pasar, mi 07 en la cara.
-Profesor buenos días que tal.
-Coronado que milagro, ¿traes tu periódico? (siempre le prestaba mi periódico)
-No profesor, venía a saludarlo.
-Y que tal ¿nos vemos el próximo ciclo de nuevo no?
-No profesor, pasé. Me iba por 7 y saqué 7.
-¿Qué?! No puede ser ¿por tan poco te ibas? No puede ser que pases con tan poco, tú te tenías que ir por más, el sistema está mal.
-Si bueno, felices fiestas profe nos vemos (mientras envainaba el cuchillo)

Para mi suerte, pasé ese curso. ¿Aprendí? Si, al final, y aprendí más de una lección, ¿contento? Pues si. ¿Alguna relfexión o mensaje final?

Para ti gordito...dont hate the player, hate the game.

domingo, 29 de agosto de 2010

Cómo olvidar a una mujer


Luego de realizar un exhaustivo trabajo de campo durante los últimos tres o cuatro años he decidido publicar esta especie de guía o manual para todos aquellos que se vean en esta penosa situación.
Inicialmente creía que este proceso no demandaba más que voluntad de olvidar y la indispensable ausencia de la mujer a olvidar, sin embargo, a lo largo del estudio y al ver la realidad actual de nuestra sociedad decidí incluir algunos medios de comunicación y herramientas tecnológicas actuales, llámese celular, computadora y lo más importante las redes sociales y servicios de mensajería.

ETAPA 1 (DESGARRO)

Por diferentes razones, ya sea infidelidad, aburrimiento, desamor o simplemente no te hacen caso pues huevón, te rompen el corazón.
Debido a esa rotura, a ese desgarro cardíaco en el 90% de los casos es muy probable que se presente llanto en cantidades industriales, por esa razón se recomienda consumir agua en abundancia para evitar la deshidratación y continuar con el llanto durante toda la etapa 1(es vital).
Es común que el cuerpo reaccione con impulsos incontrolables, estos impulsos pueden presentarse camuflados como necesidades. Normalmente se presentan en la necesidad de permanecer conectado en el Messenger o de revisar el Facebook de la susodicha en intervalos de diez minutos aproximadamente (por si se conecta o hace algo con su vida, algo de lo que tú no te has enterado)
Los cambios de estados y nicks tanto en Messenger como en Facebook producen irritabilidad, y depresión.

A esto se le conoce como Síndrome del stalker.

ETAPA 2 (AUTODEFENSA)

En esta etapa el organismo pide a gritos defensas y al no estar acondicionado para producir leucocitos o endorfinas en estos casos empieza a producir odio (no se ha llegado a identificar cómo lo logra)
Muchos sujetos alegan haber sentido indiferencia en esta parte, pero con una imagen tamaño carné de la amada se logró comprobar que la indiferencia es fingida en el 100% de los casos y la foto tamaño carné guardada en la billetera u bolsillo también en el 100% de los casos.

NOTA: Se ha identificado que en muchos casos esta etapa se inmiscuye en otras etapas del proceso, no obstante, se ha colocado en el lugar en el cual la mayoría de personas la padece.

ETAPA 3 (REALIDAD)

La etapa tres normalmente es activada al ver un posible flirteo de la amada con otra persona(comúnmente via Facebook) o en el peor de los casos en vivo y a colores.

Luego del hecho el cerebro cambia todas las conexiones que ha adquirido a lo largo del tiempo que estuvo con la amada y sobre todo las conexiones que obtuvo desde que inició el proceso y concluye en el mensaje “ NO HAY POSIBILIDADES CON ELLA”

IMPORTANTE: el mensaje no es categórico, el ser humano es tan dichoso (estúpido) que lo último que pierde es la esperanza.

A continuación el odio se ve reemplazado por resignación y sensatez, lo que origina momentos de lucidez únicos en todo el proceso.
Se procede a eliminar a la amada del Facebook para no sufrir más, para superar el Síndrome del stalker. Seguidamente se le elimina del Messenger, se le elimina, pero no se le bloquea, ya que lo último que se pierde es la esperanza (por dicha o por estupidez) y ese rayito de esperanza hace que el sujeto crea que la amada un día le va hablar y le va decir que lo ama.
Según el estudio esto ocurre el 0,9% de veces.

NOTA: Eliminar sin bloquear no impide que la persona bloqueada te escriba y te vea conectado.

ETAPA 4 (VACÍO)

Considerada la peor de todas las etapas.
No se tienen noticias de la amada, no se sabe que carajos estará haciendo, no se sabe si sale con alguien, si pasó el examen de conducir, si va dejar la universidad y lo peor de todo (y lo único que importa) no se sabe si la última vez que tiró fue con el sujeto que atraviesa el proceso de olvido. Y eso no deja vivir en paz al afectado.
Se desata el Síndrome del Chavo.
Sin querer queriendo, se le pregunta a los amigos que hicieron el fin de semana buscando “sin querer queriendo” obtener noticias de la amada,y este es sólo uno de muchos ejemplos.
Luego de un tiempo unos 5 a 6 meses como mínimo, la amada ya no es indispensable, el último rayito de esperanza ha desaparecido (lo último que se pierde es la esperanza) y al no tener más que perder no hay otra que levantarse y salir del hoyo.

ETAPA 5 (ME AMO)

El orgullo que se pierde en todas las etapas anteriores se recupera y en acto de amor propio y a manera de prueba, se reincorpora a la vida social a la causante de toda la desdicha porque, se supone, que ya no debiera afectar lo que ella haga.
Se asimila que, tal vez, se sigue queriendo y mucho, pero que a lo mejor la resignación o el desamor ha llegado para quedarse.

ETAPA 6 (LA FRASE)

Para que el proceso concluya una de las siguientes frases debe ser pronunciada.
“No era para mí”
“Ya llegará otra”
“No tengo tiempo para pensar en ella”
Es común que aparezcan otras frases en esta etapa, pero siempre cuentan con la misma carga de resiganción y/o despecho.

Las frases antes mencionadas dan por concluido el proceso pero no aseguran el éxito del mismo a largo plazo. Sólo hay una frase que lo garantiza y es “Todas son iguales, sólo que algunas cobran”

APUNTES FINALES
• El autor recomienda que durante el proceso no se mezcle bebidas alcoholicas ni droga con el uso del celular.
• Las relaciones sexuales con la amada durante el proceso resetean todo a la primera etapa.
• Una amante ocasional más buena que la amada puede que acelere el proceso.
• El tiempo del proceso esta comprendido entre 5 meses a 10 años.

miércoles, 3 de marzo de 2010

un último esfuerzo


A menos de una semana de empezar las clases y a prácticamente un año de acabar la carrera, me ha abordado, como suele hacerlo, la pereza y el desánimo que me provoca pisar el instituto nuevamente, pero no es solo porque tenga que volver a estudiar, acto que demanda el mayor de los esfuerzos de mi parte cada vez que me resigno a abrir un libro o mi cuaderno, que irónicamente, es el más completo y ordenado de toda mi promoción. Además del hastío natural que me despierta el estudio, además de ser un ocioso y haragán para movilizarme por las calles de Lima y tener que salir de mi confortable cama cuando amanece, o cuando se cumple el medio día, además de todo lo antes expuesto lo peor de todo es el instituto y casi todo lo que implica recibir clases ahí.

Para empezar podría decir que ir a estudiar, es decir, ir al instituto es un trámite que de poder ahorrármelo, lo haría. Tomar seis micros al día, tres de ida y tres de vuelta es simplemente agotador. Seis micros, que por vivir en el cono sur y estudiar en una de las zonas más caóticas de Lima, simplemente no respetan ninguna ley de tránsito. Salir de lo que se podría decir, es una de las zonas más tranquilas y ordenadas (puedo estar exagerando) de San Juan de Miraflores y llegar a la carretera central donde impera el caos, la basura, la contaminación ambiental, sonora y visual, además de la falta de educación en cuanto a urbanidad se refiere es sencillamente insufrible.

Tal vez algunos piensen que estoy exagerando, los invito a que me acompañen un día a ese recorrido tan cansado e irritante para que comprueben que no exagero, sin embargo, lo peor no acaba ahí, porque en este caso lo que parece lo peor, en realidad, no lo es.
Al bajarme del tercer micro debo cruzar la carretera central, es decir, debo arriesgar mi vida. El exceso de tráfico (cuando hablo de tráfico no hablo de lindos y adorables taxis amarillos, hablo de tractores, buses interprovinciales, vehículos de más de dieciocho llantas y uno que otro portatropas) la falta de señalización, y la ya conocida imprudencia de los conductores limeños hacen que cruzar la carretera central sea tan peligroso y difícil como desembarcar la madrugada del seis de junio de 1944 en Normandía, solo que en vez de arena y balas hay asfalto y camiones dispuestos a sacarte las entrañas.
Hasta el día de hoy he logrado llegar a la otra orilla del río, puede que un día no lo logre, puede que tengan que esperar al fiscal para recogerme, pero hasta que termine la carrera o muera atropellado, tendré que seguir llevándome los sustos que ya en varias ocasiones he tenido.

Ya en la otra orilla del río sólo me queda caminar un par de cuadras sorteando mototaxis, emolienteras, uno que otro camión frigorífico y soportar las tormentas de arena que levantan los imprudentes camioneros, que al no tener bien asfaltadas las pistas, usas sus camiones como si estuvieran en una suerte de rally urbano.
Varias veces he conversado con mis profesores sobre el asfaltado de las pistas aledañas al instituto, porque si bien la calle en la que está ubicada la puerta principal del instituto está asfaltada, gracias al dinero del mismo, las calles aledañas están en estado calamitoso. La responsabilidad del asfaltado, supongo yo, tal vez ingenuamente, es del municipio, en este caso del municipio de Ate o tal vez de Santa Anita, la verdad poco me importa, porque no me cabe la menor duda que en el año que me queda de sufrimiento, no harán nada con las pistas y durante el resto de mi vida trataré, en la medida de lo posible, no volver a pisar esas calles.

Al cruzar la puerta del instituto, la calma vuelve al planeta, el sol vuelve a salir, la vegetación es verde y no ploma de nuevo, el orden y la tranquilidad vuelven a reinar, el polvo y la tierra que entraban a mis pulmones en cantidades industriales cada que inhalaba, pasan a estar en los recogedores de los diez mil “colaboradores” de limpieza, respetuosos, bien uniformados, que caminan silenciosa y tranquilamente por todo el lugar (parecen pequeños hombrecitos que se reproducen cada que recogen un poco de basura del suelo) porque están por todos lados.

Durante cuatro ciclos (mi carrera dura 3 años) he llegado al instituto únicamente para entrar y sentarme en una esquina del salón, solo, probablemente con cara de enojado, sin ánimo de conocer gente, y sólo dispuesto a escuchar clase para largarme de ese lugar tan ordenado y limpio algún día y para siempre.
No hay nada malo con mi instituto, TECSUP, si hablamos de enseñanza, es más, es mi deber decir que no podría haber elegido un mejor lugar para aprender, pero eso no lo hace placentero en lo más mínimo. El solo hecho que quede en el poto del mundo y sea toda una travesía llegar le da demasiados puntos en contra para que me guste asistir (si dejo del lado que voy únicamente a estudiar).
Para ser sincero en los dos años que llevo en el instituto he hecho dos o tres amigos (si es que se le puede llamar amigos), entre ellos una chica, a esta chica en particular le tengo gran aprecio. Estudia mi carrera (carrera que estudio por accidente o por uno de esos azares del destino), y está un año adelantada con respecto a mí. Ella, sin nada a cambio, se ha tomado la delicadeza, la molestia de ayudarme durante toda mi carrera, empujándome a estudiar, pasándome exámenes y trabajos pasados, o simplemente llamándome la atención por no estudiar o por ser lo que no me da vergüenza en admitir que soy, un vago de profesión.
Sólo una vez he salido con ella, y con el único propósito de pasarla bien como amigos (para aquellos que conocen con que intensiones suelo salir con amigas no muy amigas), he salido con ella y con mis otros dos “amigos” y estoy seguro que con alumnos de TECSUP ese tipo de relación es lo máximo a lo que puedo aspirar, no por creerme superior o inferior, si no porque siento que simplemente hay lugares en los que soy muy bien recibido, pero no por eso necesariamente voy a encajar.

Hay dos cosas que no me gustan de la gente, la primera es que cometan horrores ortográficos, con horrores me refiero a esta clase de orrorez. Comprendo que tal vez hay personas que no recibieron una educación ideal, pero eso no los exime de seguir adquiriendo cierto conocimiento, cierto bagaje cultural básico y lamentablemente en TECSUP el 90% de los alumnos comete horrores ortográficos y lo peor de todo es que al 90% de ese 90% no le interesa corregirlo o hacer algo al respecto para mejorar esa tara.
Me doy el lujo de criticar ese aspecto de la gente porque yo me tomé la molestia, el desafío si se le puede llamar así, de complementar mi mala educación –voluntaria- durante el colegio y en la actualidad me doy el lujo de exponer mis ideas y pensamientos más bizarros en un blog medianamente decente.
La segunda cosa que me disgusta, es la falta de urbanidad y aseo personal. No es de buena educación andar escupiendo en la calle como auquénido, andar mandando besos sonoros y volados a cualquier señorita que tenga la mala suerte de cruzarse con uno de estos inadaptados sociales cuya carencia de urbanidad es sólo superada por su falta de aseo personal en muchos casos. Una vez más y lamentablemente en TECSUP hay muchos de estos individuos, que expelen malos olores y/o tienen un vacío grave en su educación en cuanto a urbanidad respecta.
Por mas esfuerzos que haga de mandar indirectas prácticamente directas a aquellos que no conocen el jabón o el desodorante, al día siguiente vuelven igual de desaseados; por más que intente hacerle entender a la mayoría de hombres de mi salón que piropos obscenos y besos sonoros acompañados de mordidas de labios de todos sus compañeros de jauría no son el mejor arma para atraer a una mujer, y que en su defecto es una ofensa que yo considero grave a la señorita compañera de estudios o a la chica que transita por los alrededores del instituto; por más que yo trate de hacerles entender que lo que hacen es algo digno de repudio diciéndoles “ a ver que pasa si yo le hago eso a tu vieja”; por más que lo intento, no abandonan sus malos hábitos. Al no poder con ellos, no pienso unírmeles, simplemente procuro alejarme de ellos y si eso implica ser el atorrante de la clase pues lo asumo y me enorgullezco.

Podría decir que por ese par de razones principalmente soy el solitario del instituto. El no tener amigos me hace, creo yo, el atorrante, el “alzado”, el que lee el periódico solo durante los recesos y huecos que tienen los horarios. Si he sido todo eso y más durante dos años puedo seguirlo siendo durante el año que me queda sin mayor preocupación y con total desparpajo.
Sin embargo, también he conocido a excelentes alumnos, que sin llegar a ser amigos por a o b razones, son y seguirán siendo excelentes personas y compañeros, mucho mejores que yo en efecto, y no me considero bueno en lo absoluto. Además de ellos tengo el honor de ser instruido por excelentes profesionales, muchos de ellos los mejores en su rama, cada uno mejor persona que el otro (a excepción del profesor Ernesto que merece la pena capital por animal) y como no mencionar a mi profesora favorita, tan alta ella, tan bella, tan Jessica, tan fornicable, belleza informática que nunca me ha enseñado, pero que con gusto jalaría tres veces su curso con tal de ser su esclavo sexual. A Jessica no la conozco, pero seguramente además de ser la futura madre de mis hijos también es una excelente persona.

Mencionadas algunas de las principales causas por las cuales disfruto y me disgusto dentro del instituto me toca hablar sobre la Electrotecnia Industrial, así se llama mi carrera. Con frecuencia cuando me preguntan qué estudio digo electrónica y así me aseguro que nadie me pida explicaciónes sobre de que se trata mi carrera, ya que todos creen saber de que se trata la carrera de electrónica.
Cómo y porqué llegué a estudiar una carrera tan poco conocida, no tengo idea, tal vez sea porque confundí el código de la carrera que era mi primera opción, o tal vez sea porque esperé a marcar hasta el final todas las repuestas del examen y no me alcanzó el tiempo para terminar de llenar la cartilla de respuestas o a lo mejor por bruto.
Esperé hasta el final del examen para marcar porque,en un arranque de rebeldía, pensé durante el examen en no marcar nada para de esa manera esperar un ciclo más y poder ingresar en el turno de la mañana y no en el turno de la tarde para el que estaban destinados los ingresantes de ese examen. Tal vez pagué cara mi rebeldía porque ingresé y a una carrera que no era la que yo quería.
Durante dos años he peleado con la carrera, no la odio, pero tampoco la amo y a pesar de mis esfuerzos ha conseguido domarme sin que yo, ya a estas alturas, pueda revelarme.
Me falta alrededor de un año para terminarla y únicamente guiado por el esfuerzo incesante de mi madre, la presión involuntaria de mi familia y mi necesidad de ganar dinero a la brevedad, he conseguido convencerme a mi mismo, engañarme tal vez, de que es lo mejor para mi y para los que les importo.

Dicen que la felicidad es hacer lo que te gusta independientemente del dinero que tengas o que ganes, eso seguramente lo dijo un misio feliz.
En mi esfuerzo por convencerme a mí mismo me he proyectado a ganar dinero con esta carrera que hasta el momento me hace infeliz, por todo lo que debo soportar gracias a ella y por las pocas satisfacciones que me da hasta el momento, una carrera que con facilidad se podría describir como “mil y un maneras de morir no sólo electrocutado, también carbonizado” ya que se basa en trabajos con alta tensión y aparatos eléctricos industriales.

La salida del instituto es otra actividad que definitivamente no extrañaré al término de mis estudios. Salir 9:30 p.m. de “el fin del mundo” llámese Santa Anita o Ate (poco me importa cual sea) es sumamente cansado y una vez más peligroso.
TECSUP cuenta con el servicio de cuatro buses que tiene como destino o el Jockey Plaza o el puente Santa Anita, ambos destinos igual de peligrosos a esa hora de la noche. Los buses parten a las 9:40 p.m. si llegas tarde simplemente te toca caminar hasta la carretera central y esquivar a ladrones y hombres de malos hábitos.
Es común escuchar en la última clase de la noche “aquellos que no se van en el bus hagan el favor de acompañar a sus compañeras hasta el paradero por motivos de seguridad” cabe resaltar que si sales antes de que los buses partan tienes dos opciones, o te arriesgas a ser víctima de hurto o a quedar varado en el instituto hasta las 9:30 p.m.
TECSUP me hace el favor de llevarme si es que salgo 9:30 p.m. o si tengo la suerte de salir 6:40 p.m. para irme con el bus del personal administrativo. Me hace el favor de, en mi caso, dejarme en el puente Santa Anita en donde el personal policial brilla por su ausencia, los robos son por decirlo de alguna manera, el pan de cada día y la responsabilidad de TECSUP ahí no tiene efecto, pero debo resaltar la gentileza de “jalarme” de mi tan considerado instituto que tranquilamente me podría dejar abandonado a mi suerte a esa horas de la noche.
Agarrar desde el puente Santa Anita una apretada combi, para bajarme en una de las zonas mas peligrosas de mi populoso distrito para luego dirigirme a mi “tranquila” zona es una vez más un trámite que de poder ahórramelo, lo haría.

Me he tomado la molestia de hacer algunos cálculos para este nuevo ciclo que me toca sufrir. Durante cada semana asistiré cinco días a TECSUP en total estaré 33 horas a la semana, 10 horas a la semana haciendo trabajos (en el mejor de los casos), 40 horas durmiendo, 10 horas en los micros y 10 horas en el gimnasio, con lo que queda tan sólo 17 horas, 3.4 horas al día para vivir, para darme el respiro que necesito hasta que empiece a disfrutar a lo que me voy a dedicar por mucho tiempo, si es que algún día llego a hacerlo.

En un intento desesperado, en lo que yo llamaría casi un manotazo de ahogado, mi madre me ha ofrecido un carro (el vocho alemán que tanto anhelo) para cuando termine la carrera. Un inteligente movimiento ya que si yo fuera mi propio padre o madre, me hubiera ofrecido un Ferrari a mí mismo con tal que acabe algo, cualquier cosa, con tal que acabe.
Muy aparte del incentivo, el esfuerzo de mi madre merece ser recompensado de mi parte, merece ver que al fin soy algo.
Huelga decir que mis notas, por lo menos las teóricas, son mediocres (reflejan mi amor por la carrera) y que en la práctica –modestia aparte- soy el mejor (reflejan mi habilidad para las manualidades), que mi cuarto es el desorden hecho habitación, que incluso mi vida es un desastre, pero mi cuaderno es pulcro al extremo y permanece incólume ante el desastre que año tras año ratifico que soy a mi familia y amigos. Digo esto debido a que por ahí alguien me dijo que mi cuaderno refleja el esfuerzo que hago por mantenerme bien encaminado, espero que sea cierto, necesito que sea cierto.

lunes, 1 de febrero de 2010

Des-Gracias

Primer día de febrero, por una de esas casualidades primer día de la semana también.
Lunes 1 de Febrero de 2010, siendo exactamente las 1500 horas he terminado de almorzar tallarines verdes, obviamente calentados en microondas porque yo de cocina no sé un carajo.

He terminado de almorzar sólo acompañado por el ser más fiel que he conocido, mi perra (aunque suene paradójico). No hay nadie en mi casa y abrumado por esta cómoda, pero no por eso propicia soledad, me he decidido a escribir algo para los cuatro gatos que se pasean por aquí cada que el aburrimiento los subyuga. Cabe resaltar que tal vez escriba más para mí que para ellos.

Hace unos días leí un artículo en algún lugar (no suelo recordar de donde leo lo que leo) en el cual el autor se burlaba de algunas situaciones fortuitas y desagradables que le pasaban a su grupo de amigos más cercanos. Él parecía tener toda la suerte que sus compañeros de historia no tenían y se aprovechaba de eso para referirse a ellos de manera sarcástica, burlona y hasta peyorativa.

Al terminar de leer el post caí en cuenta que a mi me habían sucedido algunas de las desgracias que ahí se contaban y convencido que una vez más puedo arrancar las sonrisas de cuatro gatos, he agrandado lo más que puedo mis huevos y he tomado la bizarra decisión de contar algunas de mis desgracias que con suerte causarán gracia.

De mi niñez tengo gratos recuerdos mi bicicleta, el carro blanco de mi papá, mis abuelos…y la vez que me oriné en el nido.

Era un día soleado no recuerdo exactamente que estaba haciendo, seguramente comiendo crayolas o jugando con la goma entre mis manos hasta que se formaran bolitas grises y pegajosas que con suerte acabarían en el estómago de mi compañerito de carpeta. En algún momento, en algún lugar del salón, insulté a alguien no recuerdo porqué, no recuerdo cómo, pero si recuerdo a la profesora (que a mi corta edad provocaba en mi cuerpo sensaciones que muchas en la actualidad no han conseguido) que me decía ¡Christopher, a la esquina parado hasta el recreo!... ¡Y SIN HABLAR!
Triste, preocupado y seguramente satisfecho me fui a cumplir mi castigo. No debe haber pasado mucho tiempo cuando un hincón sacudió mi pequeño cuerpecito, la poca tranquilidad y paciencia que tuve hasta ese momento fue reemplazada por una necesidad inmediata y natural de eliminar fluidos corporales, pero… estaba parado en una esquina, el baño estaba a una cuadra probablemente, y lo peor de todo era que cada que el hincón se agudizaba las últimas palabras de la profesora resonaban más fuertes en mi cabeza.
Sudando frío, sin poder hablar, con demasiados desordenes en mi cabeza, y dispuesto a cumplir el castigo a cabalidad, me dejé llevar… una sensación de alivio recorrió mi cuerpo acompañada de un calidez infinita que bajaba por mis piernas y humedecía el pantalón.
La profesora al ver la escena o probablemente mi pantalón y la alfombra húmedos, levantó su inmenso trasero de la silla junto a su escritorio y me atrevería a pensar que también levantó el castigo porque lo siguiente que recuerdo es verla sorprendida y preguntándome porqué no le avisé…en ese momento, a mi corta edad, tal vez no tuve las palabras para responderle de manera conveniente , explicarle el porqué o tal vez en un acto de sinceridad para con ella, mandarla a la concha de su madre, sin embargo, casi veinte años después estoy listo para responderle…y es que en ese momento preferí cumplir mi castigo de pie y orinado que rogar por ir al baño de rodillas, profesora hija de puta.

Era otro día soleado, y es aquí en donde empiezo a sospechar que el sol es el principal testigo de mis desgracias de niño, un día en que mi madre me regaló un par de centavos para ir a comprar pilas para mis juguetes en el mercadito más cercano.
Con casi 10 años de edad y dispuesto a jugar con mi carrito a control remoto todo el endemoniado día, cogí mi bicicleta BMX negra con llantas rojas, le amarre un par de globos de carnavales al chasis al lado de los rayos de la llanta para que sonara como moto, y fui en búsqueda de un par de pilas “doble A” para mi carrito.
Llegué al mercado compré mis pilas y decidí dar una vuelta para que todos escuchen mi bicimoto. Al doblar en una esquina sentí que mi bicimoto no tenía tanta potencia y era porque uno de los globos se me había reventado. Me bajé y fue en ese momento cuando todo se fue a la mierda.
Me abordó un anciano flaco, alto, desgarbado, no consigo recordar exactamente que me dijo, así como tampoco consigo recordar como lo terminé acompañando a un parque en donde me dijo… - Mira yo tengo una ex-esposa y también tengo un hijo, viven en esa casa (mientras me señalaba una en una esquina) y tengo que entregarles un dinero, pero no puedo porque su esposo me pega si me acerco, tú crees que me puedas hacer el favor de entregarles este dinero…(me enseñó un fajo de billetes minuciosamente doblado) y le dije
- Esta bien señor, voy a mi casa (que queda a 5 cuadras)dejo mi bicicleta regreso y le hago el favor (tengo a dios de testigo, en caso exista, que iba a regresar a ayudarlo)
- No hijito te vas a demorar mucho, mejor yo te espero aquí a la vueltita y le das el dinero, yo te cuido tu bicicleta. Pero por favor no te vayas a robar el dinero que es todo lo que tengo.

En ese momento pensé que no se iba a llevar mi bicicleta si es que yo tenía tanto dinero en la mano, así que fui toqué la puerta y pregunte por quien me debe haber dicho el viejo ese que pregunte.
- Aquí no vive fue la respuesta del chibolo que me abrió…

Regresé corriendo, convencido que el señor se había equivocado de casa o algo así, pero cuando regresé no había señor, y no sólo no había señor, no había bicicleta tampoco.
Corrí por las calles aledañas pero nunca más volví a ver a ese vejete mal nacido roba bicicletas aprovechador de niños buenos y cojudos, obviamente tampoco volví a ver mi bicicleta.
Regresé llorando a mi casa aferrado al fajo de billetes, cual naufrago se aferra a la orilla, y ente sollozos le conté a mi abuela que un señor se llevó mi bicicleta, pero me dejo mucho dinero. Mi abuela entre regañadientes me arrebató el fajo, lo abrió, y grande fue mi desilusión cuando vi que solo era un periódico perfectamente doblado para que se asemejara a muchos billetes juntos, grande fue mi desilusión cuando descubrí que hay gente mala.
Debo hacer un paréntesis y pedir disculpas a mi familia, a la que en ese momento les conté la historia de los pandilleros que se llevaron mi bicicleta y tiraron un bultito que parecía plata para que me distrajera, pero es que de verdad, en ese momento me sentí tan animal que cualquier historia era mejor que pasar la vergüenza que hoy siento sólo cuando me descubren viendo porno.
Nunca más volví a tener una bicicleta, y en cuanto al viejo mal nacido y ratero, el diablo (si es que existe dios) se encargará de hacerlo arder en al azufre del infierno por toda la eternidad. En caso no exista dios por lo tanto tampoco el diablo, tengo la certeza que ese espantapájaros de cabello gris y arrugado por sus malos hábitos se morirá antes que yo, si es que ya no está pudriéndose dos metros bajo tierra, viejo mal nacido.

Nuevamente un día de febrero y con el sol de testigo, salí a montar bicicleta con unos amigos de la cuadra, bicicleta que me tuve que prestar gracias a la gentil labor del viejo mal nacido, yo estrenaba nueva gorra seguramente un regalo de algún tío o familiar cercano.

Estábamos a la altura del Parque de la Amistad dispuestos a llenar de globos y talco a una infeliz que osó pasar por nuestro territorio cuando sin previo aviso uno de mis compañeros de jauría me dijo:

-Oye a ver enséñame tu gorra

Dudé en prestársela un momento porque los gorros no se prestan así no más, y mucho menos a esa edad, hasta que me dijo

- ¿No tienes piojos no?

Asumí que con esa pregunta la posibilidad de que mi compañero tuviera piojos era nula y se la presté.

Al día siguiente gracias a mi acertada decisión tenia clavado un peine azul en la cabeza con el nombre NOPUCID grabado grande con letras doradas en el medio.
Gracias a mi acertada decisión también, tuve que soportar un shampoo que hacia efecto recién en 10 minutos, un escozor de horas en la cabeza, una minuciosa peinada con un peine que me desenredaba y jalaba hasta las neuronas y un corte a cero de cabello. Maldito piojoso.

Durante el viaje de promoción en cuarto de secundaria fueron muchas las anécdotas que mis compañeros de año contarán, el día que las mujeres se pusieron el chaleco por la parte blanca en un símbolo de enojo y molestia con los hombres, el cuarto en el que se podía ver porno coincidentemente ocupado por los mas reconocidos pajeros de la promoción 2004, el supuesto incidente gay en la habitación de uno de los más varoniles de la promoción y por supuesto mi foto.

Estábamos en el restaurante ubicado arriba de Machu Picchu, se estaba terminando el buffet y a mi me dieron ganas de ir al baño porque ya no podía con el estómago, no suelo entrar a baños que no sean en casas, pero el viaje de 4 horas de regreso al hotel me hizo reconsiderar mi opción de esperar hasta llegar al hotel.

Encerrado en el baño sentí que los mas “vivos” de la promoción entraban al baño y empezaban a tomar la típica foto pendeja en el baño, para mi mala suerte, yo era el único atrapado por su estómago en ese baño, miserable baño, miserable cámara que se atrevió a asomarse por encima de la puerta y capturar no sólo un acto que es necesario para todos y desagradable de sólo comentarse, si no que además capturo parte de mi anatomía que sólo algunas desventuradas atrapadas por mi verbo, no florido pero honesto, debían ver.
Esa foto me costó ser el “punto” en muchas reuniones y/o conversaciones de promoción.
De 125 personas cual era la probabilidad que yo fuera el único infeliz que estuviera encerrado en el baño en ese momento, de 125 personas cual era la probabilidad de que sólo me vieran el miembro a míi.
Muchos se burlaron de mí, muchos me dieron muestras de apoyo (aunque nunca las necesité)
Así que como este es mi blog y escribo y hago lo que me da la gana y de seguro que no miento, por lo menos en este post, pongo a dios una vez más de testigo (en caso exista), y reto a alguno de esos pocos que decían que la tenían más grande que yo a que se tomen una foto conmigo con la condición que la foto la tome Andrea Luna y ella sea la jurado y comparen a ver si se atreven. Habladores hipócritas.

Días antes de año nuevo se venció mi membresía en el gimnasio y uno de esos chicos de ventas, de los que te renuevan la membresía se me acercó a ofrecerme no solo una nueva promoción, además me ofreció proteínas, pastillas y toda clase de polvos para subir de peso porque ahora él andaba metido en esos negocios de los polvitos mágicos.

Al ver su entusiasmo y esa sonrisa única que tiene los vendedores le dije “puede ser”, los días siguientes me tuvo podrido con esas miradas pendientes que me lanzaba al punto que tuve que acercarme a rechazar su oferta.
Me hubiese encantado decirle – Sabes que, tus ofertas me interesan un carajo y no quiero ni renovar mi membresía ni comprarte ni mierda- pero no pude y sólo atiné a mentirle, le dije que me iba a Máncora hasta después de año nuevo y que no iba a tener dinero.

Del 24 al 31 de diciembre me reventó el celular dos veces al día e incluso llamó a mi casa para renovar la membresía del gimnasio, yo sólo respondía con frases esquivas…”vuelvo en enero”, “depende de mi viejita”, “cuando regrese de viaje vemos”, “si, si regreso el 5 de enero”

Eran las 8:30 a.m. del primero de enero luego de una larga fiesta me alisté a dar una vuelta más a todo el local en busca de alguna borracha, cuando de pronto alcé la mirada y vi a ese muchacho del gimnasio, con los ojos rojos, y la camisa afuera, simulando que no me había visto, en ese momento pensé en seguir de largo y no mirarlo, pero si algo he aprendido a lo largo de estos 22 años es no deberle la mirada a nadie, así que me acerqué queriendo que la tierra me trague, pero con la frente bien en alto y lo saludé.
Me miró extrañado, y me dijo -¿Por qué me mientes?-, no le respondí, no me interesó, así como no me había interesado mentirle, le desee feliz año y me fui con la certeza de haber actuado como hombre y también de haber quedado como un mentiroso.
No debí haberle mentido, es verdad, pero tampoco debió acosarme con su sonrisa de vendedor inoportuno. Reconozco que hice mal, pero no me arrepiento, y es que de verdad si lo pienso ¿Cuál ERA LA PROBABILIDAD DE ENTRE 29 MILLONES DE PERUANOS, encontrármelo a él en una fiesta 100 kilómetros al sur?
¿Mala suerte? Yo lo llamo karma

Después de no aceptar las ofertas del vendedor, me cambié de gimnasio, uno ubicado en el óvalo de higuereta, me gustaría decir que por culpa de ese episodio tan desagradable, pero lamentablemente no fue así (aunque hubiese quedado muy bien como final para este post).

Una noche luego de salir del gimnasio a las 8 p.m. aproximadamente esperaba mi micro. Justo en el ovalo higuereta cuando vi aparecer una camioneta 4x4 idéntica a la camioneta del ahora enamorado de la chica que me movía el piso ya hace algún tiempo.
Al forzar mi vista pude visualizar el rostro del que un día fue el amor de mi vida, sentada en el asiento del copiloto, entonces repentinamente la camioneta se estacionó en una farmacia no muy lejos de donde yo estaba.
Me acerqué cautelosamente cuidando que no me viera ni ella ni él, de pronto se abrió una de las puertas y bajó él apurado, pidió algo en el mostrador de la farmacia, le sacaron una cajita morada, pagó con monedas, se subió a su nave y partió con la que alguna vez pudo ser mi novia.
Puede haber comprado un desenfriolito, pudo haber comprado un jarabe para la tos, o incluso pudo haber comprado acetona para las uñas, porque en una cajita morada que no cuesta más de 10 soles pueden haber muchas cosas, pero yo no creo eso.
En efecto esa cajita se parece mucho a la cajita de los DUREX ultra sensitive, puede que esa cajita contenga cualquier otra cosa, tal vez un Listerine en una nueva presentación que se yo, pero me gusta pensar que la chica bella, hermosa, preciosa, que no apestaba y no se tiraba pedos ni a solas, ese día retozó como loca junto a su enamorado, que por pura casualidad tiene una de esas 4x4 con la que levantas con facilidad más que sospechas.
Yo no tuve porque ver ese episodio, con mucho tiempo sin verla y ella ya en una relación formal, sospechaba que ya no era la chica inmaculada que yo quería manchar, pero no tenía porque confirmarlo y mucho menos de esa forma.
A este evento yo le llamo, “el picón”

Esto ha sido solo una muestra de algunas cosas que, para bien o para mal, me han sucedido a lo largo de mi vida, hay muchas otras, como la vez que aprendí a meterme al mar porque una amiga se metía y yo me tuve que meter para no quedar como mariconsito, la vez que le puse mucho peso a una máquina del gimnasio por un lado y se volteó toda la máquina y fui el hazmerreír del gimnasio, o la vez que una chica me dijo “me gusta estar contigo, pero no quiero tener enamorado porque aún no olvido a mi ex” y yo le creí tontamente cuando sabia que hace un tiempo atrás ella había querido estar con otro chico, o como olvidar la vez que fui con medias del colegio a una reunión de primaria y fui “el lorna” por llevar medias de colegio a una reunión social de niños.

Como dije al principio y leí por ahí, tal vez escriba más para mí que para ustedes, tal vez escriba para reír y no para llorar.